Monedero con dinero by Edith Esquivel

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¿No sabes en qué se te va el dinero? Es por esto

¿No sabes en qué se te va el dinero? Es por esto


Los límites te harán libre.

Foto: Flickr de Amanda Tipton CC [CC BY-NC-SA 2.0]

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Cuando eres joven, muchísimas oportunidades están a tu alcance. Tus conocidos son solteros y disponibles. Puedes elegir cualquier profesión, practicar cualquier deporte, ir a cualquier lugar. Sin embargo, cada decisión que tomas elimina automáticamente no una, sino mil posibilidades.


La escritora Sylvia Plath explicó esta disyuntiva en su novela La campana de Cristal donde compara la vida a una higuera en la que cada rama y su fruto representan una oportunidad diferente:


“Vi mi vida extendiendo sus ramas frente a mí…

de la punta de cada rama… pendía un maravilloso futuro…

Quería todos y cada uno de ellos,

pero elegir uno significaba perder el resto”.


Al no poder escoger un fruto por miedo a perder los demás, la protagonista se queda paralizada de hambre enfrente del árbol.


Las opciones infinitas crean una parálisis infinita; son lo opuesto a la libertad. Como dice Mark Manson: “La persona con 10 000 opciones y la persona con cero opciones terminan en el mismo lugar: no haciendo nada. Una vida sin límites es una vida sin profundidad. Un océano de mil kilómetros de ancho y un centímetro de fondo”.


Un ejemplo de esto son los teléfonos inteligentes, que nos permiten acceder a información de todo el mundo, pero si lo usamos sin límites, especialmente el contenido corto en redes sociales, al final nos sentimos vacíos: La jornada se escurre de entre los dedos dejándonos la sensación de que no hemos hecho nada, aprendido nada ni aprovechado el tiempo.


En cambio, nos llenamos de bienestar los días en que nuestro tiempo está muy limitado por una actividad elegida de manera consciente, por ejemplo, una excursión a la montaña, una maratón de baile, o una reunión con los amigos. Esos días sin distracciones en que nos concentramos en un objetivo valioso nos hacen sentir afortunados. El dinero es igual: si lo dejamos sin dirección, gastándolo en lo que se va presentando, y no le damos un trabajo específico elegido conscientemente, su naturaleza es dispersarse. Por eso mucha gente dice: “No sé en qué se me fue el dinero”. Dejar al dinero a merced de opciones infinitas es lo opuesto a la libertad financiera.


Quienes administran bien su dinero, le asignan un trabajo específico desde antes de recibirlo. Eso no significa que no se den sus gustos, sino que el monto de esos gustos tiene un límite, y cuando lo pasan saben que están comiéndose el presupuesto para cosas que decidieron que son importantes. No es lo mismo comprar tu centésimo par de zapatos y ya, que saber perfectamente que ese par te aleja de tu meta para salir de vacaciones o para tomar tu curso de cerámica creativa. Darle un trabajo a tu dinero es darte la libertad de vivir de acuerdo con tus prioridades.


Una vida limitada es una vida libre


Los límites son buenos. Tu mortalidad es un límite, tu energía es un límite, tu tiempo es un límite, los recursos de tu cuenta bancaria son un límite. No son mala suerte, son la razón por lo cual lo que haces importa. Como escribió el emperador romano Marco Aurelio: “El obstáculo es el camino”.


Por ejemplo, hablemos del límite del tiempo. Aunque tener un hijo absorbe la jornada, es mi experiencia y la de incontables padres más que con la crianza aprovechas mejor el tiempo. De pronto, es un bien limitado, escaso, valioso. Dejas de perderlo viendo series repetidas o peleando con personas en Facebook. Pero no es necesario tener un hijo para usar bien el tiempo, porque hay dos tipos de límites: los que te imponen las circunstancias y los que te impones tú mismo. El último es el mejor: si aprovechas el tiempo antes de que alguna situación externa te lo arrebate, logras mucho más que si al fin te pones a trabajar en tus proyectos cuando tu tiempo disponible se reduce a los 30 minutos de siesta de tu bebé.


El dinero es igual. Muchas personas viven según los límites externos que les imponen sus ingresos. Cuando tienen mucho dinero, gastan mucho dinero; cuando tienen poco dinero, gastan poco. Pero no imponerle frenos “artificiales” al gasto significa que ahorras poco o nada, y eso acarrea muchísimos problemas.


El primer problema es que es fácil acostumbrarnos a un estilo de vida más costoso, pero suele doler bajar los gastos. ¿Te ha pasado? No es lo mismo ser un joven viajando en camión en la universidad que ser un director que tiene que tomar el transporte público después de haber manejado un Ferrari rojo convertible. Resignarse toma tiempo y puede causar un impacto psicológico importante. Hay personas que incluso se deprimen, o se les baja el autoestima. Se sienten fracasadas, desmotivadas, como si vivir con menos dinero significara que su vida fuera menos valiosa.


Yo tuve una lectora que se quejaba de no poder ahorrar. Me explicó cómo todos sus ingresos se le iban en gastos básicos. “Con cualquier eventualidad mínima, por ejemplo, si se me descompone el coche, entro en crisis financiera y me cortan el teléfono de la casa o tengo que sacar a mi hija de la escuela privada. Es horrible”. Como su situación económica le impedía conseguir un mejor trabajo en ese momento, le expliqué esta opción: “Vive como si estuvieras en crisis unos meses, aunque no lo estés. Ahórrate la escuela privada y el teléfono durante un tiempo, voluntariamente. Se sentirá menos feo que tener que suspender los servicios obligatoriamente, y ahorrarás lo suficiente para mejorar tu preparación y conseguir un mejor empleo”. Entre menos ingresos tienes, más vital puede ser autolimitarte para mejorar tu situación.


La buena suerte tiene límites


La razón por la cual la mayoría de las personas tienen estrés financiero, es que enfrentan las finanzas como el resto de su vida: esperan a que se presente el problema para resolverlo. El dinero no es así. Si te esperas a tener el problema encima, seguro es demasiado tarde. De hecho, hay otra área de la vida que tampoco funciona así: la salud. No por nada el dinero y la salud son los mayores arrepentimientos en las encuestas.


Ponerle un límite a nuestros antojos diarios de azúcar, desvelos, rencores y flojera para llevar al cuerpo al ejercicio, la alimentación sana, un sueño apropiado y la armonía social no te garantiza la salud, así como ahorrar no te garantiza la libertad financiera, pero sí aumenta notablemente tus probabilidades de bienestar. Sin embargo, la salud y las finanzas se construyen poniéndonos límites cada día. Si tienes sesenta años y ya estás preocupado en el consultorio del doctor o frente al saldo en ceros de tu tarjeta, puede que sea demasiado tarde.


Muchos de mis “pacientes” de asesorías financieras muestran este patrón: pasaron momentos de abundancia, y los aprovecharon para gastar sin límites. Algunos compraron coches nuevos, viajaron al extranjero, adquirieron la hipoteca de una casota. Otros, con ingresos más modestos, compraron coches usados, viajaron a Oaxaca o adquirieron la hipoteca de una casita pequeña. Lo importante no es lo que hayan decidido comprar, sino el hecho de que encarecieron su estilo de vida en cuanto pudieron hacerlo. Estaban sanos y sin problemas, y en lugar de limitar su gasto para cuando llegaran los malos tiempos, decidieron creer que este momento de bonanza duraría para siempre. Tu gasto podrá ser ilimitado, pero tu buena suerte no.


¡Imagínate que te llega un premio o una herencia! ¡Qué libertad! Si no has practicado ponerte límites, puedes gastarlo todo en un solo día. ¡Adiós libertad! Y si haces esto con todo el dinero que te llega, estarás a merced de cualquier eventualidad. Cualquier emergencia, grande o pequeña, te orillará a endeudarte. Vivirás al día. Si tú mismo no te limitas, ¿quién lo hará por ti? Ganar el dinero y conservar el dinero son dos habilidades distintas.


Hoy tengo un paciente financiero que es joven, sano y con trabajo. Le dije que necesita invertir 3 meses de gastos para emergencias. “Me siento cómodo sin tener un apartado de emergencias”, me dijo. Los sentimientos son solo información, no la verdad absoluta. Mi paciente no quiere poner esa cantidad fuera de su alcance, no quiere limitar su acceso a todo su dinero. Pero sin límites autoimpuestos, no hay finanzas sanas.


Cuando no se te dan los límites


Cada quien tiene sus puntos flacos. A mí se me da muchísimo mejor administrar el dinero que el tiempo. Sin embargo, cuando tuve a mi hijo “toqué fondo”: ante la escasez de tiempo libre, me arrepentí por todo el tiempo que había desperdiciado a lo largo de mi vida, todas las cosas que me faltaba por hacer y que ahora me tomaría años lograr. El sufrimiento es uno de los motores de cambio más efectivos. El dolor de perder mi tiempo me motivó a mejorar su administración.


Sin embargo, he tenido que aceptar que gestionar el tiempo es un reto para mí. Constantemente uso “trucos” para obligarme a respetar, en mis momentos de debilidad, las decisiones que tomo cuando pienso en el futuro que deseo. Por ejemplo, pongo palomitas en mi agenda para premiarme por hacer mis actividades, no tengo redes sociales en mi teléfono, y bajé una aplicación en la computadora de escritorio para limitar su uso diario a 30 minutos. También uso otra aplicación en mi teléfono que bloquea la reproducción de videos a partir de las 9.30 de la noche. Bajar estas herramientas me dolió un poco, porque tuve que admitir que no puedo sola, que necesito ayuda, que no me sé controlar.


Existen herramientas y “trucos” muy útiles para las personas que tienen problemas para ponerle límites a su dinero. Aquí te pongo las estrategias de diferentes personas, para que veas cómo a cada quién le funcionan cosas distintas. La clave está en probar hasta encontrar tu sistema ideal.



Y tú, ¿qué estrategias has utilizado para administrar mejor tu dinero? ¿Te has rendido porque no funcionan? Como puedes ver, cada persona es diferente, y a todos nos funcionan cosas distintas. Sigue buscando y no te desanimes. Si tienes una estrategia que te ha funcionado, compártela a vuelta de correo electrónico. ¡Leo y respondo todos los comentarios y sugerencias que me envían mis lectores!


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¡Nos vemos el próximo mes!

 

Con emoción,

Edith



 



  

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