Hubo un tiempo en el que odié el piano.
Sí, tal cual. Odiarlo.
Después de muchos años en el conservatorio
de repetir escalas como un robot
de estudios que aburren a una piedra
y de profes que parecían más metronomos que músicos...
En cuanto me saqué el título lo dejé un buen tiempo.
Necesitaba alejarme después de tanto atracón y presión.
Ahí se quedó el piano, en el salón, como un mueble caro que te juzga en silencio.
No hacía falta que dijera nada:
yo sabía que no estaba tocando.
Y me sentía mal.
Hasta que un día me cansé de eso también.
De la culpa.
Del “deberías”.
Me senté. Sin partitura. Sin metrónomo.
Y toqué.
Solo por gusto.
Sin técnica. Sin objetivos. Sin hacerlo bien.
Y ahí pasó algo:
Volví a sentir lo que se había perdido.
En el capítulo 7 (págs. 41–46) de La Guía Práctica del Pianista Imperfecto hablo exactamente de eso.
• De cómo hacer las paces con el piano.
• De por qué los días malos no son el final, sino parte del camino
• Y de cómo volver a tocar sin presión, sin culpa.
Al final del capítulo hay tres ejercicios.
El primero… digamos que no es precisamente académico.
Se llama “La sesión de odio”.
Y sí, es exactamente lo que parece.
Pero no te cuento más. Solo te aviso: no lo vas a olvidar.
Solo hasta mañana domingo puedes conseguir el libro con estos dos regalos exclusivos:
– Mini tutorial: Improvisa y fluye en el piano
– Capítulo extra: Los secretos mejor guardados de los pianistas más irreverentes
>> Descárgalos aquí antes de que lo vuelvas a postergar
Y si hoy no te apetece tocar, todo bien.
El piano no se va a mover.
Pero tú tampoco vas a avanzar, si sigues pensando que tienes que hacerlo perfecto.
Pasa un fabuloso Sábado
Javi
PD1.Mañana a medianoche se va la oferta… y con ella los bonus. No te lo digo por meter prisa (bueno, un poco sí). Pero luego no digas que no te avisé...
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