Una vez alguien me preguntó:
“¿Cuál es el ejercicio más raro que has hecho en el piano?”
Pensé en muchas cosas.
Tocar con los ojos cerrados.
Practicar solo la respiración.
Estudiar una pieza sin mover un dedo.
Pero si tuviera que elegir uno, sería este:
Toca algo mal.
Pero mal de verdad.
Y sin justificarte.
A propósito.
Sí, suena absurdo.
Y precisamente por eso funciona.
Porque cuando hay quer hacerlo, la mayoría se bloquea.
No saben fallar sin excusarse.
No saben tocar relajados si no suena “limpio”.
Y mucho menos saben reírse de eso.
Y ahí está la trampa:
Aunque nadie los esté evaluando,
siguen tocando como si alguien los estuviera escuchando con cara de juez.
Es lo que pasa cuando llevas años practicando con una sola idea en la cabeza:
“No debo fallar”.
Y por eso, en uno de los capítulos, de mi guía propuse este reto.
No para hacer el tonto.
Sino para recuperar algo que muchos perdemos al tocar:
el permiso para estar en proceso.
Ese tipo de retos —incómodos pero liberadores—
son el corazón de mi guía.
No hay fórmulas mágicas.
Hay formas distintas de mirar lo que ya haces.
Y ejercicios que te colocan frente al piano de otra manera.
Todo eso acompañado de historias reales de pianistas grandes e imperfectos que rompieron moldes.
Si llevas tiempo siendo demasiado correcto,
demasiado prudente,
demasiado pendiente de hacerlo bien…
Esto te va a sentar como una bofetada suave.
Recuerda:
quedan solo 2 días antes de que suba
Pasa un estupendo día,
Javi
P.D. Hay que tocar bien, sí. Pero si no puedes tocar mal a propósito… hay algo que revisar.
P.D.2. Si este email te ha hecho pensar en alguien que se exige incluso cuando nadie le escucha, compárteselo. Y si te lo han reenviado, puedes suscribirte a la newsletter desde aquí.
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