Hoy quiero contarte algo que a veces ni yo mismo me paro a pensar:
¿Por qué toco el piano?
Porque lo descubrí de crío y me enganchó como un imán.
Porque es el único sitio donde puedo estar solo… y sentirme acompañado a la vez.
Porque cuando toco, se me olvida el mundo.
Porque me hace sentir vivo, incluso en lunes.
Pero mi para qué es todavía más importante.
Toco el piano para emocionarme.
Para sentir que soy yo mismo, sin filtros, sin postureo.
Para aprender algo nuevo cada día, aunque sea un acorde feo que luego descarto.
Para saber que nunca se termina de aprender.
Y también toco para enseñarte a ti.
Para demostrarte que el piano no es solo para genios ni para gente “de conservatorio.”
Para que puedas tocar lo que te gusta… y disfrutarlo sin miedo ni vergüenza.
Por eso, hoy quiero hacerte estas preguntas a ti:
¿Por qué tocas el piano?
¿Y para qué?
No hace falta que me lo digas a mí.
Pero dítelo a ti mismo.
Porque ahí está la chispa que hace que, incluso cuando estás hasta el moño de todo, no abandones.
Y si todavía no tienes claro tu por qué… calma.
A veces solo hace falta sentarse un ratito al piano, tocar un par de notas…
y dejar que salga solo.
Porque te lo digo de corazón, aunque suene a frase de taza de desayuno:
El piano no está para darte nada.
Está para que tú descubras lo que llevas dentro.
Pasa un maravilloso día,
Javi
P.D. Si conoces a alguien que anda desmotivado con el piano, mándale esto. Y si este correo te llegó reenviado, puedes apuntarte a la Newsletter aquí.
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