Hay un pianista al que admiro especialmente por una razón muy poco académica:
Cancelaba conciertos porque no le apetecĂa tocar.
No por estar enfermo.
Ni por problemas técnicos.
Simplemente porque sentĂa que ese dĂa no estaba para eso.
Se llamaba Sviatoslav Richter.
Uno de los pianistas más respetados del siglo XX.
Un monstruo del repertorio… y cero amigo de cumplir expectativas ajenas.
Richter odiaba grabar en estudio.
DecĂa que lo ponĂa tenso, que se escuchaba peor, que no se reconocĂa.
PreferĂa conciertos en condiciones raras, con poca luz, a veces incluso tocando casi a oscuras.
ÂżTe imaginas hoy a alguien diciendo eso en una audiciĂłn?
—“¿PodrĂas repetir la toma?”
—“No, gracias. Ya no me vibra.”
Lo curioso es que nadie duda de que fuera un pianista enorme.
Pero si hoy fuera pianista adulto, probablemente estarĂa pensando:
“No soy constante.”
“Tengo manĂas.”
“Algo falla en mĂ.”
A los pianistas adultos casi nunca se nos permite tener criterio propio.
Se nos empuja a encajar en un modelo ideal de cĂłmo “deberĂa” tocar un pianista serio.
Cuando no encajas ahĂ, no piensas:
“este modelo no es para mĂ”.
Piensas:
“el problema soy yo”.
Admiramos a los grandes por su personalidad… pero a nosotros nos exigimos ser robots.
Sin estados de ánimo.
Sin dĂas malos.
Sin contradicciones.
Y asĂ el piano deja de ser un lugar donde estar y pasa a ser un sitio donde te examinas constantemente.
Si al leer esto sientes que el piano pesa más de lo que deberĂa, esto tiene soluciĂłn.
No cambiando de repertorio.
Ni exigiéndote más.
Sino revisando desde dónde te estás relacionando con el instrumento.
AquĂ es justo donde se trabaja todo esto con calma:
cĂłmo soltar exigencias que no te ayudan
cómo tocar sin estar todo el rato evaluándote
cómo recuperar una relación más honesta con el piano.
Si ahora mismo sientes que algo de esto te está tocando, échale un vistazo a esto.
Puede ser el punto de inflexiĂłn que no sabĂas poner en palabras.
Pasa un dĂa genial,
Javi
P.D. Tener criterio no es tocar cuando te apetece y ya. Es saber escucharte sin sabotearte.
P.D.2. Si este email te ha hecho pensar en alguien que siempre se exige demasiado al piano, compárteselo. Y si te ha llegado reenviado, puedes suscribirte a la newsletter desde aquĂ
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